
Otra motivación en la que debemos apoyarnos para que, a pesar de las dificultades que tengamos, podamos y debamos seguir ilusionados, fortalecidos y esperanzados, es el testimonio de tantas personas que, a pesar de las dificultades del momento actual para vivir y ser testigos de la fe, siguen siendo verdaderos creyentes y agentes de evangelización, que viven y comunican su fe a los demás, apoyados en el Señor que los acompaña siempre y los hace fuertes.
La falta de ilusión, la disminución del celo evangelizador y de la esperanza, cierran nuestra mente y nuestro corazón para percibir y valorar la riqueza espiritual de tantas personas que están tratando de vivir su vida desde Dios y desde su fe; personas que siguen teniendo a Dios, como quien da sentido a toda su vida y a sus circunstancias personales vividas desde una fe sencilla, pero auténtica, y que necesitan también de nuestro acompañamiento, para que sigan siendo testigos de su fe en la vida normal y en todas las circunstancias de la vida.
Son tantos matrimonios que, en medio de una sociedad que no valora la institución matrimonial ni los compromisos de fidelidad, ellos luchan, con toda su fuerza, para cultivar y cuidar su matrimonio y para ser fieles al mismo desde la fe.
Son tantos padres que, a pesar de las dificultades en la educación actual de sus hijos, no desisten en esmerarse y siguen en la brecha ofreciendo a sus hijos una educación humana y cristiana auténtica y, aunque a veces experimentan la escasez de resultados y frutos de su empeño, ellos siguen intentándolo, una y otra vez, con sus palabras, su acompañamiento y su testimonio como personas y padres cristianos que viven personalmente su fe.
Son tantas y tantas personas enfermas que, ante una enfermedad que les han detectado en su vida, no pierden la confianza ni la esperanza en el Señor, sino que la viven con entereza y alegría, siendo un ejemplo auténtico de fe para cuantos los contemplan, porque su testimonio manifiesta que es la fe y la fuerza de Dios quien los sostiene, y saben que Dios los acompaña con su gracia, para seguir cumpliendo su voluntad con entereza y decisión.
Son tantos jóvenes que, en medio de una juventud que solo piensa en divertirse, en tener mucho dinero, en gozar a costa de lo que sea, ellos se han encontrado con el Señor y le preguntan con el corazón abierto: «Señor, ¿qué quieres de mí?»; y, cuando descubren que Dios los llama por camino determinado, ellos tratan de buscar ayuda para responder al Señor positivamente, y ser un instrumento dócil en las manos de Dios.
Son tantos sacerdotes que, desde una vida bien enraizada en Cristo, están plenamente entregados a las tareas evangelizadoras que Dios les ha confiado y luchan a contracorriente, anunciando a Dios y su mensaje a los hermanos: hombres y mujeres de hoy que buscan en su corazón a Dios y su fe y que, con su acompañamiento como sacerdotes, los ayudan a encontrarse con el amor de Dios que se preocupa por ellos y comienzan a seguir la llamada del Señor y convertir su vida desde donde y por donde Dios les pida.
Son todos esos nuevos movimientos y nuevos métodos que están surgiendo como instrumentos al servicio de la evangelización y cuyos miembros luchan para hacer nacer en ellos y en los demás la vida de Dios y se entregan por entero para lograrlo.
No tenemos que olvidarnos de mirar todo lo bueno que nos rodea
Son tantas y tantas personas que han entregado su vida a Dios como personas consagradas en la vida activa al servicio de las necesidades de los demás, y así están cumpliendo su vocación de anunciar a Cristo y su mensaje a través de su testimonio de vida de consagración a Dios y a los hermanos. Tantas y tantas personas que, desde una vida contemplativa, con su oración por toda la Iglesia y por todo el mundo, sostienen a los que desde el mundo y en el mundo trabajamos por extender el Reino de Dios y que, con su oración, apoyan y facilitan nuestra tarea como agentes de la pastoral en el cumplimiento del encargo del Señor y encomendando al Señor todas nuestras necesidades, dificultades y afanes evangelizadores, son nuestra fortaleza en la lucha por ser fieles a lo que el Señor nos pide.
Mirar, fijar nuestra mirada y nuestro corazón en todas estas personas y todas las realidades vividas por ellas, necesariamente nos animan a nosotros a luchar con ilusión y esperanza por superar las dificultades que encontramos en nuestra acción evangelizadora.
No tenemos que olvidarnos de mirar a todo lo bueno que nos rodea, mirar a tantas personas que, aunque el mundo actual parezca que quiere olvidar a Dios, hay también muchas personas que lo buscan insistentemente y otros que ya lo han encontrado y son un testimonio para los demás.
La integración de estas personas y de su testimonio nos va a ayudar a todos a luchar y a aunar fuerzas para lograr un mundo mejor, en el que Dios esté más presente en todo momento.
+ Gerardo
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