Celebración de san Juan de Ávila en el Seminario

El Seminario de Ciudad Real acogió este lunes, 11 de mayo, la convivencia sacerdotal con motivo de la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español.

El encuentro comenzó con el rezo solemne de laudes en la capilla mayor del Seminario. Tras la oración, la jornada continuó con la conferencia Claves esenciales en la teología sacerdotal de san Juan de Ávila, preparada por Carlos Gallardo, rector del Seminario de Córdoba. Aunque no pudo asistir por problemas de viaje, envió el texto de su intervención, que fue leído por Manuel León, delegado episcopal para el clero.

La conferencia propuso un acercamiento a la espiritualidad sacerdotal del maestro Ávila a partir de un decálogo inspirado en su primera plática a los sacerdotes. En el texto se subrayaron algunas palabras clave para comprender la teología sacerdotal de san Juan de Ávila, como la gratitud, la obediencia, la humildad, la mortificación, la santidad, la intercesión, la confianza y la dignidad sacerdotal. Todo ello, enmarcado en el quinto centenario de su ordenación sacerdotal y de su primera misa, que la diócesis celebra este año con un Jubileo.

Después de la conferencia tuvo lugar el acto de reconocimiento y agradecimiento a los sacerdotes que este año celebran sus bodas sacerdotales. La diócesis felicitó a quienes cumplen veinticinco, cincuenta y sesenta años de ministerio: José Ángel Martín Acosta, Federico Alfonso Serrano Serrano y Ambrosio León Herráez, en sus bodas de plata; Secundino Martínez Rubio, Esteban Molina González y Adriano Delgado Perea, en sus bodas de oro; y Teodoro Contreras Arenas, en sus bodas de diamante.

La misa fue el centro de la convivencia sacerdotal. Participaron los seminaristas, las religiosas del Seminario y familiares de los sacerdotes que celebran su aniversario. En su homilía, el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, saludó de forma especial a los presbíteros homenajeados y expresó la alegría de toda la diócesis por el don de su ministerio. Recordó que la fiesta de san Juan de Ávila se celebra este año en un contexto especialmente significativo para Ciudad Real, al coincidir con el quinto centenario de la ordenación sacerdotal del santo y de su primera misa en Almodóvar del Campo. En este sentido, aludió al comienzo del Año Jubilar diocesano, inaugurado el pasado sábado, cuyo objetivo —dijo— es que, por mediación de san Juan de Ávila, «volvamos a poner en el centro a Jesucristo».
 
El obispo señaló también una intención concreta para este Jubileo: pedir vocaciones sacerdotales. «Pidamos a través del Santo que nunca nos falten vocaciones al sacerdocio», dijo, refiriéndose a la necesidad de jóvenes «que con entrega y alegría estén dispuestos a dar la vida por el Reino de Dios». Recordó que las distintas vocaciones dentro de la Iglesia no se oponen entre sí, sino que se necesitan mutuamente: «Nunca pensemos que por muchos sacerdotes que tengamos, las vocaciones laicales disminuirán, sino todo lo contrario: entre todos, sacerdotes y vocaciones laicales, formamos el Pueblo de Dios».

Partiendo de la oración colecta de la fiesta, don Abilio dijo que no puede separarse la vida interior de la misión evangelizadora: «Hay santidad de vida, hay celo apostólico; hay celo apostólico que se basa en la santidad de vida». Frente al riesgo de reducir la fe a ideas o explicaciones, recordó, citando la enseñanza del papa Francisco en Gaudete et exsultate, que la santidad no consiste en «saber algo» o explicarlo con una lógica determinada, sino en apoyarse en el poder de Dios.

En este camino, el obispo presentó la eucaristía como centro de la vida sacerdotal y de la unión con Cristo. De san Juan de Ávila, dijo, se descubre en sus pláticas, cartas y escritos «hasta qué punto la eucaristía celebrada, adorada y comulgada era el centro de su unión con Cristo». Por eso, añadió, «la eucaristía es la forma de entrar en intimidad con Cristo».

Don Abilio recordó además una enseñanza atribuida al maestro Ávila sobre la preparación y acción de gracias de la misa: «Necesitaríamos una eternidad para prepararnos para la misa, otra para celebrarla y otra para dar gracias». Con esta imagen, invitó a los sacerdotes a redescubrir la profundidad del misterio que celebran cada día.

El obispo se dirigió también a los sacerdotes en las distintas etapas de su ministerio, desde quienes llevan pocas semanas ordenados hasta quienes cumplen décadas de servicio. «Podemos estar jubilados o en activo, con parroquias con muchos fieles o en zonas rurales donde se hace la pastoral de la minoridad», señaló. Sin embargo, por encima de las circunstancias, subrayó lo esencial: «Hemos sido elegidos por el Señor y enviados a todos los pueblos y lugares de la diócesis de Ciudad Real».

En esa misma línea, animó al presbiterio y a los seminaristas a perseverar en la vocación recibida: «Os animo, queridos sacerdotes y seminaristas, que os preparáis al ministerio, a perseverar en la llamada que Dios nos ha hecho, teniendo siempre puesta la vista en el Señor». Y añadió: «Nuestra vida es maravillosa porque hacemos visible a Jesucristo, el Buen Pastor».

A partir de las imágenes sacerdotales de san Juan de Ávila, don Abilio recordó que el sacerdote hace visible a Cristo «Buen Pastor, cabeza, siervo y esposo» mediante una vida entregada, sostenida por la santidad sacerdotal. Esa vida se concreta, explicó, «con el anuncio de la Palabra, con la celebración de los sacramentos y con el ejercicio de la caridad pastoral».

El obispo pidió tener presentes a los presbíteros que puedan estar cansados o desanimados, así como a los sacerdotes enfermos y mayores, porque «todos siguen siendo depositarios del amor de Cristo y de su sacerdocio».

Al final de la homilía, don Abilio tuvo un recuerdo especial, «desde la comunión de los santos», para los sacerdotes de la diócesis fallecidos durante el último año. También reiteró su felicitación a quienes celebran sus bodas sacerdotales y pidió por el Seminario, por los seminaristas menores y mayores, «para que el Señor les dé coraje y alegría para seguirle y anunciar su mensaje de salvación».

La fiesta de san Juan de Ávila volvió a reunir al presbiterio diocesano en torno al santo patrono del clero secular español, en un año especialmente significativo para Ciudad Real por el Jubileo diocesano convocado con motivo de los 500 años de su ordenación sacerdotal y de su primera misa en Almodóvar del Campo.