Más de mil fieles participaron ayer en Ciudad Real en el viacrucis de Lunes Santo, organizado por el arciprestazgo de la ciudad en los primeros días de la Semana Santa.
La celebración reunió a grupos procedentes de todas las parroquias de Ciudad Real, distribuidos en cuatro grupos que partieron desde la catedral. En el último grupo se portaba el Cristo de la Buena Muerte, acompañado por el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea.
La última estación del viacrucis se rezó ya en el interior de la catedral. Fue el propio obispo quien dirigió esta estación final, antes de dirigirse a todos los presentes con unas palabras en las que invitó a contemplar con hondura el misterio pascual junto al Señor.
Don Abilio pidió a todos que el gesto exterior del viacrucis se convirtiera también en una vivencia interior de fe: «Os pido que ahora llevemos al Señor en el corazón. Que llevemos realmente a Jesús en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestras manos. Que no lo abandonemos nunca. Que seamos siempre fieles discípulos del Señor».
En sus palabras, el obispo evocó la imagen del día anterior, el Domingo de Ramos, cuando Jesús, en la «borriquilla», se acercaba a la Virgen del Prado, para subrayar después la presencia fiel de María al pie de la cruz. «Era un momento de triunfo, un momento de gloria, un momento de palmas y se acerca su madre. Al final de su vida, cuando esté en la cruz, será María la que se acerca a él, porque María no lo abandona nunca». Y añadió: «Al ejemplo de María, también estemos siempre con Jesús y no lo abandonemos jamás».
Para finalizar, el obispo deseó que lo vivido no quedara en un acto externo, sino que dejara huella en el corazón de los participantes: «Que este viacrucis haya calado en nuestro corazón, que sea algo más que un simple rito, que sea expresión de nuestro amor al Señor Jesús crucificado para resucitar».
La celebración concluyó con la bendición impartida por el obispo a todos los asistentes, poniendo fin a una noche de recogimiento y oración en torno a la cruz del Señor.