Treinta nuevos miembros se incorporan a la UNER

El Seminario de Ciudad Real ha acogido este 4 de marzo el encuentro diocesano de la UNER (Unión Eucarística Reparadora), que ha reunido a 142 personas —Marías del Sagrario, Discípulos de San Juan, simpatizantes y sacerdotes— en el aniversario de la fundación de la obra —4 de marzo de 1910— por san Manuel González.

La jornada ha combinado formación, celebración y adoración en torno al carisma eucarístico reparador. Tras la acogida, intervinieron la presidenta diocesana, Mari Carmen Sánchez Mesa; el obispo, don Abilio Martínez Vare, que presidió la misa y acompañó al grupo durante la jornada; el consiliario, Francisco José García-Casarrubios Poveda, que realizó un recorrido por la vida de los grupos durante el último año; la hermana Filomena, delegada de la obra para las Misioneras Eucarísticas de Nazaret en la diócesis; y el rector del Seminario, Juan Serna.

La formación estuvo a cargo de la hermana María del Valle Camino con la ponencia titulada Atraídos por el Evangelio vivo de la Eucaristía, en la que animó a profundizar en la adoración como encuentro personal con Cristo vivo.

La misa momento central de la jornada, la presidió el obispo, don Abilio Martínez Varea. Concelebraron sacerdotes de parroquias con presencia de la UNER. Durante la celebración se impusieron las medallas a 30 nuevos miembros —24 Marías y seis Discípulos de San Juan— que se incorporan a la obra.

En la homilía, el obispo comenzó recordando el origen de la Unión Eucarística Reparadora. Después, hizo referencia al mensaje de Cuaresma del papa León, explicando que este tiempo es ocasión para recentrar la vida cristiana: «La Cuaresma es el tiempo en el que tenemos que volver a poner el misterio de Dios en el centro y renovar nuestra adhesión a Jesucristo».

Comentando el evangelio, señaló la tentación de querer «llegar a la gloria con la ausencia de la cruz». Frente a ello, recordó que el camino cristiano pasa por la pasión, muerte y resurrección: «Para llegar a la gloria hay que pasar por la cruz. Para llegar a la resurrección hay que pasar por la cruz», dijo.

En este sentido citó a papa Francisco, quien advertía de la tentación de rehuir el sufrimiento. Don Abilio explicó que la diferencia está en cómo se vive: «Qué distinto es llevar la cruz solos, llevar la cruz con nuestras propias fuerzas, que a veces nos lleva a la desesperación y a la frustración, mientras que cuando llevamos la cruz con Cristo es algo distinto». Por esto, añadió que «cuando llevamos la cruz con Cristo hay que reconocer que nosotros llevamos la parte más pequeña, que el mayor peso de la cruz lo está llevando Jesucristo».

Sobre esto, recordó una expresión de Un corazón hecho Eucaristía, donde san Manuel González afirma que «la cruz se convierte en amor cuando estamos en el sagrario». El obispo explicó su significado: «La cruz no es un instrumento de tortura, sino que la cruz es la expresión del mayor amor que nos ha tenido Dios en la vida a través de su Hijo Jesucristo». Y subrayó la unión inseparable entre cruz y eucaristía: «Hay una unión absolutamente fuerte, indisoluble, entre cruz y eucaristía».

Don Abilio insistió en que la eucaristía es actualización del sacrificio de Cristo y que la adoración al Santísimo es «prolongación de la eucaristía». En este sentido, se refirió al precepto dominical, explicando que es algo que se legisló cuando los cristianos dejaban de asistir a la misa; pero la ley no es lo primero, sino consecuencia de una necesidad vital: «No es primero el mandamiento. Lo primero es la realidad». Por eso recalcó con fuerza: «Un cristiano no puede vivir sin la eucaristía. Un cristiano no puede vivir sin el alimento».

Tras la comida, los participantes mantuvieron un coloquio a partir de un vídeo sobre la vida del fundador, profundizando en su figura como «obispo de los sagrarios abandonados». La jornada concluyó con la Hora Santa, momento de adoración que puso el broche final a un día de oración, formación y convivencia.

El encuentro manifiesta la implantación de la UNER en la diócesis de Ciudad Real, donde los grupos de Marías y Juanes siguen creciendo y ofreciendo un testimonio sencillo y constante de amor a la eucaristía. La significativa incorporación de 30 nuevos miembros refleja el deseo de muchos fieles de profundizar en una espiritualidad que une contemplación y compromiso, oración y servicio eclesial.
En el contexto del aniversario fundacional de las Marías del Sagrario —en referencia a las «tres Marías» que acompañaron a Jesús en el Calvario—, la jornada ha sido también una llamada a renovar el carisma recibido y a seguir haciendo presente, en las parroquias y comunidades, la invitación de san Manuel González a no dejar solo a Jesús en el Sagrario. Una invitación que, más de un siglo después, continúa encontrando eco en el corazón de numerosos fieles de la diócesis.