La asunción de la Virgen María a los cielos

Mari Carmen Espadas, poeta, comparte  con nosotros esta composición “La Asunción” como motivo de este día de solemne fiesta para la Iglesia universal. El papa Pío XII proclamó el dogma de la asunción de la Virgen María a los cielos el 1 de noviembre de 1950 con la constitución apostólica Munificentissimus Deus.
 
María no pudo ser
pasto de la corrupción.
La que en su vientre llevó
al Mesías anunciado
quedó libre de pecado,
y no murió. Se durmió
en brazos de aquel amado
del Hijo. Qué afortunado
ser de la Madre el cobijo,
y admirarla como hijo
en su feliz Asunción.
La Madre no le dejó
envuelto en la soledad.
Ella siempre se quedó,
se quedó y se quedará.
Aún en su glorioso vuelo
en cuerpo y alma hasta el cielo,
de Dios nos dará consuelo.
Juan la miró con amor.
Olía a feliz encuentro,
a flores frescas, portento.
Había llegado el momento
de la inefable Asunción.
 
La obra que ilustra la poesía es de Juan Martín Cabezalero, natural de Almadén. Vivió entre los años 1634 y 1673. Debió de llegar bastante joven a Madrid, donde se hizo discípulo de Carreño, en cuya casa se encontraba en 1666, calificándose como "maestro pintor".
 
Lleva por título el cuadro La Asunción de la Virgen y la pintó su autor en torno a 1665. Es óleo sobre lienzo y sus medidas son 237 x 169 cm. Se encuentra en la sala del Museo del Prado Sala 018A
 
La subida de la Virgen al cielo ayudada por los ángeles permite a Cabezalero combinar una escena aérea y gloriosa con el despliegue de gestos y emociones de los personajes que contemplan atónitos su sepulcro vacío. Para construir la escena, el artista recurre a una tradición iconográfica, unos tipos y una gama cromática que reflejan la gran influencia de la pintura flamenca sobre los pintores barrocos españoles. La obra fue comprada por Fernando VII para el Prado.