En esta quinta entrega de la serie histórica con motivo del 150 aniversario de la creación del Obispado Priorato de Ciudad Real, Francisco Manuel Jiménez Gómez aborda el proceso que llevó a la transformación canónica de aquella singular circunscripción eclesiástica en la actual diócesis de Ciudad Real. Tras más de un siglo de existencia como Obispado Priorato de las Órdenes Militares, los cambios eclesiales impulsados por el concilio Vaticano II y la nueva configuración de las relaciones entre la Santa Sede y el Estado español hicieron necesaria una actualización institucional.
Hacia la transformación del Obispado Priorato
La actual diócesis de Ciudad Real permaneció con la forma canónica de Obispado Priorato de las Órdenes Militares durante algo más de un siglo, hasta que las circunstancias y las mentalidades cambiaron, estimuladas por la celebración del concilio Vaticano II y por el cambio del régimen político en España.
En el camino de esa transformación canónica hay que hacer referencia a tres momentos especiales que reflejan otros tantos acuerdos firmados entre la Santa Sede y el Estado español. El primero de ellos es el concordato de 1953, en cuyo artículo 8.º se estipulaba que el nombramiento del obispo prior del Obispado Priorato de las Órdenes Militares quedaba equiparado al de los demás obispos españoles. El segundo, fue el 28 de julio de 1976 por el que el jefe del Estado renunciaba al privilegio de presentación de obispos, dejando sin efecto el referido artículo 8.° del concordato de 1953. El tercero se produjo cuando se firmaron los vigentes acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español, el 3 de enero de 1979, por los que se sanciona la plena autonomía de la Iglesia en España para organizarse según sus propias normas.
Estos acuerdos reflejan un cambio de mentalidad en la que ya no encajaba bien una estructura eclesial como el Obispado Priorato, ni tampoco la identidad de la figura del obispo que había formulado el Vaticano II en el decreto conciliar Christus Dominus. Esta nueva sensibilidad es, pues, la que está en la base de la transformación institucional del Obispado Priorato. Si no se quería que quedase como una antigualla o una exótica reliquia del pasado, se imponía su actualización, convirtiéndolo en algo distinto. Y esa actualización no podría consistir en otra cosa que no fuera su transformación en una diócesis de derecho común.
En la consecución de ese fin convergieron los esfuerzos de muchas personas desde diferentes ámbitos, personal, diocesano y nacional. Estos esfuerzos los recogió don
Rafael Torija, entonces Obispo-Prior, quien escribió en marzo de 1977 al nuncio Luigi Dadaglio solicitando ese cambio. En concreto le pedía: 1) la derogación de la bula
Ad Apostolicam; 2) desvinculación para el Obispo-Prior de los títulos de obispo de Dora y Prior de las Órdenes Militares; 3) la conservación del título de Prior de las Órdenes Militares en el obispo de Ciudad Real, por los vínculos históricos que se habían generado; 4) la elevación del cabildo prioral a cabildo catedralicio; 5) la corrección del nombre latino de la curia de Ciudad Real, que debería llevar el nombre de la ciudad y no el de Clunia que había llevado hasta entonces por error; 6) que la diócesis fuera sufragánea de Toledo.
Esta solicitud fue la que el nuncio remitió a Roma para que se gestionara en la curia vaticana y redactase una nueva bula. Y, en efecto, esta nueva bula se redactó y se promulgó, aunque contenía algún despiste, como veremos.
Por Francisco Manuel Jiménez Gómez