Las cuatro Órdenes Militares (I)

El 4 de junio se cumplen 150 años de la proclamación en la catedral de Ciudad Real de la bula Ad Apostolicam, con la que comenzó la existencia del Obispado Priorato de las Órdenes Militares. Francisco M. Jiménez Gómez se acerca en este artículo al origen de una institución singular, nacida de una compleja historia medieval en la que las órdenes religiosas y militares ejercieron jurisdicción civil y eclesiástica sobre amplios territorios, hasta desembocar, siglos después, en la creación del Obispado Priorato.
 

Las cuatro Órdenes Militares (I)

El próximo 4 de junio se cumplirán 150 años de la proclamación en la catedral de Ciudad Real de la bula del papa Pio IX Ad Apostolicam, por el cardenal Ignacio Moreno y Maisonave, arzobispo de Toledo. Con ese acto comenzaba la existencia del Obispado Priorato de las cuatro Órdenes Militares. Los diocesanos estamos acostumbrados a vincular nuestro territorio con las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara. Pero el nombre resulta un tanto exótico, cuando no extraño. Orden hace referencia a la regla a que están sometidos los que abrazan la vida consagrada. Militar, alude al uso de las armas. ¿No parece contradictorio unir ambos conceptos? Sí para nuestra mentalidad actual, no para el tiempo en que nacieron; incluso, en cierto modo, fueron promovidas por la Iglesia animando a la participación en las Cruzadas.

Este hecho nos dice que fueron un producto típicamente medieval, del siglo XII: en 1158 nació la orden de Calatrava; en 1170, la de Santiago; en 1176, la de Alcántara y en 1317, la de Montesa. Aunque en sus orígenes tuvieran finalidades diferentes, había algo común a todas ellas como fue su carácter mixto, es decir, simultáneamente eran órdenes religiosas con la profesión de los tres votos tradicionales (pobreza, castidad, obediencia); pero también hacían un cuarto voto por el que se obligaban a la defensa de la religión cristiana por medio de las armas. En el hombre medieval era perfectamente posible unir ambas dimensiones.

En este caso concreto, su finalidad era la de reconquistar los territorios patrios en posesión de los musulmanes. Por eso vinieron a satisfacer una necesidad sentida por la mayoría de los cristianos de la época. Las zonas que iban reconquistando les eran encomendadas para su posterior defensa, repoblación y gobierno con lo cual se hicieron acreedoras de numerosas donaciones de tierras y de privilegios. Además, en los territorios por ellas gobernados ejercían plena jurisdicción tanto civil como eclesiástica. 
Con el paso del tiempo, se hicieron ricas y poderosas. Pero con el fin de la reconquista, perdieron su razón de ser militar y, en la medida que iban obteniendo dispensas para sus obligaciones monásticas, también perdían su carácter religioso. El señorío que hasta entonces habían ejercido comenzó a ser mal visto. Cuando, además, se mezclaron también en las contiendas políticas y dinásticas, se convirtieron en un peligro para los reyes que acabaron haciéndose con su gobierno a través de la apropiación de los Maestrazgos, máximo órgano de gobierno de cada una de ellas.

Este hecho precipitó su decadencia. Quedaron reducidas a una especie de distinción honorífica nobiliaria que los diferentes monarcas utilizaban para premiar servicios y favores, aunque pervivirá el ejercicio de las diferentes jurisdicciones que mantenían sobre sus territorios, lo que dará origen a numerosos problemas jurídicos y eclesiásticos. Es en la búsqueda de la solución a estos problemas donde se ha de buscar el origen el Obispado Priorato.
 
Por Francisco Manuel Jiménez Gómez