Que tu cuerpo me transforme

Conchi Aranguren Vila es directora de Cáritas Diocesana de Ciudad Real. Nos acerca al sentido del Corpus Christi que celebramos este domingo y en el que ayudamos especialmente a Cáritas por el Día de la Caridad.

Hace poco escuché una canción que dice así: «Si por un segundo vieras cómo te miro, cómo te escucho, cuánto te amo, y no estás solo». Me pregunto si cuando tengo delante de mí al pan blanco soy consciente de esto. El amor de todo un Dios poderoso que no necesita nada y, sin  embargo, nos necesita. Un Dios que se ha hecho carne como nosotros, que se ha hecho escucha, acogida compasiva, vida entregada por amor.

La eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo. Es el sacramento del amor, de la entrega total que se hace permanente en el pan blanco.

Al morir en la cruz, Jesús, entregándose para elevar y salvar al ser humano, expresa el amor en su forma más sublime. Jesús aseguró a este acto de ofrenda su presencia duradera a través de la institución de la eucaristía en la que, bajo las especies del pan y del vino, se nos entrega. Participando de la eucaristía, nos unimos a Jesucristo y al mismo tiempo a todos por los que Él se entrega; convirtiéndonos en «un sólo cuerpo».  Así, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo se funden realmente.

El amor que hemos recibido y que damos es lo que celebramos en este gran Día de la Caridad.

El mandamiento del amor, el precepto de la caridad, es el signo distintivo del cristiano. Como leemos en san Agustín o en san Pablo, todos podemos hacer la señal de la cruz, decir amén, cantar aleluya, recibir el bautismo, pero es la caridad lo que nos distingue, «si no tengo amor, nada soy».

«En esto verán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros como yo os he amado». La eucaristía no se puede separar de la caridad, no se puede comulgar e ignorar a los que tienen hambre, sed. Del alimento eucarístico ha de surgir en nosotros un amor que nos haga vivir y reflejar el amor de Cristo por los demás.

La opción por los pobres es el resultado de nuestra coherencia de fe, es vivir la fraternidad de sentirnos Hijos de Dios y testigos de su misión.

Cáritas forma parte del ministerio de evangelización y realiza el acercamiento de la Iglesia a los pobres y a la sociedad. No puede ser concebida y vivida como una acción más del conjunto de las actividades pastorales, sino que debe ser, como elemento constitutivo de la Iglesia, expresión y cauce de la caridad.

Que este Corpus sea pan, alimento, fuerza, impulso para superar diferencias, buscar coincidencias y caminar juntos hacia un modelo de Iglesia que sea instrumento del reino y salida para encontrarse con los alejados.
 

Por Conchi Aranguren Vila