El obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, invita a la diócesis a vivir las vacaciones como un tiempo de descanso, encuentro con los demás y crecimiento espiritual, sin olvidar la cercanía hacia quienes más sufren la soledad durante estos meses.
Las vacaciones: tiempo para crecer
Queridos diocesanos:
Comenzamos unos meses marcados por las vacaciones. Muchos de vosotros ya estaréis pensando en dejar atrás la rutina diaria para disfrutar de un merecido descanso y compartir tiempo con vuestros seres queridos. Son también fechas en las que los pueblos de nuestra diócesis vuelven a llenarse de vida con la llegada de quienes regresan a sus raíces para reencontrarse con sus familias, sus amigos, sus tradiciones y sus fiestas patronales. Este retorno constituye una hermosa oportunidad para fortalecer los lazos con nuestra tierra y disfrutar de unos días de convivencia en torno a aquello que nos une como comunidad.
Las vacaciones son también una ocasión propicia para cuidar las relaciones humanas. Nos permiten dedicar más tiempo a la familia, reunirnos con los amigos, conocer a nuevas personas y cultivar encuentros que el ritmo acelerado de la vida cotidiana dificulta durante el resto del año. Como recordaba el papa Francisco, este tiempo resulta especialmente favorable para redescubrir el valor de la cercanía y del encuentro con los demás.
El descanso es necesario para fortalecer nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Sin embargo, no todos pueden disfrutar de este merecido tiempo de pausa. Pienso especialmente en quienes, por motivos económicos, laborales o personales, deberán permanecer en sus hogares, así como en nuestros mayores y enfermos, que con frecuencia sufren más intensamente la soledad durante estos meses. A todos ellos quiero expresar mi cercanía y mi afecto, e invitaros a que estemos atentos a sus necesidades. Una visita, una llamada o un sencillo gesto de amistad pueden convertirse en un valioso signo de esperanza y compañía. Que este verano nos ayude a crecer también en la caridad y en la atención fraterna hacia quienes más lo necesitan.
Las vacaciones no son solo un tiempo para descansar o compartir con los demás; son también una oportunidad privilegiada para enriquecer nuestro espíritu y fortalecer nuestra relación con Dios
Pero las vacaciones no son solo un tiempo para descansar o compartir con los demás; son también una oportunidad privilegiada para enriquecer nuestro espíritu y fortalecer nuestra relación con Dios. Son días propicios para participar en actividades culturales, contemplar la belleza de la naturaleza, visitar monasterios, santuarios y otros lugares de especial significado religioso, realizar lecturas edificantes y encontrar espacios de silencio y reflexión.
Os invito a que, durante estos meses, experimentéis la gracia que supone el descanso del cuerpo unido al descanso del espíritu. Que las vacaciones no se conviertan únicamente en un ir y venir o en una sucesión de actividades, sino en un tiempo verdaderamente provechoso que nos ayude a crecer humana y espiritualmente. En una de sus recientes catequesis, el papa León XIV reflexionaba sobre el misterio del Sábado Santo y el sentido del verdadero descanso, recordándonos que aprender a detenernos puede convertir el tiempo aparentemente vacío en un tiempo de gracia y de encuentro con Dios.
Por ello, os recuerdo la importancia de participar en la eucaristía dominical allí donde nos encontremos. La celebración del Día del Señor nos mantiene unidos a Jesucristo, alimenta nuestra fe y nos permite experimentar la belleza y universalidad de la Iglesia, esa gran familia que nos acoge y acompaña en cualquier lugar del mundo.
Que Santa María Virgen nos guíe y proteja durante este tiempo estival. Os deseo a todos unas felices y merecidas vacaciones, y que regreséis con fuerzas renovadas para continuar nuestra tarea evangelizadora.
Con mi afecto y bendición,
+ Abilio