La Hospitalidad de Ciudad Real peregrinó a Lourdes

La Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Ciudad Real ha participado en una nueva peregrinación diocesana al santuario francés, acompañando a 104 enfermos y con la presencia de unos 120 hospitalarios. En total, el grupo estuvo formado por 398 personas, entre peregrinos, enfermos, hospitalarios, un equipo médico, nueve sacerdotes y el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea.

La peregrinación comenzó el viernes 26 de junio con la celebración de la misa en la Gruta, compartida con otras hospitalidades, entre ellas las de La Rioja, Soria y Castellón. Fue presidida por el obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente. Después, los enfermos pasaron por la Gruta, donde el obispo de Ciudad Real bendijo a cada uno de ellos. 

Por la tarde, tuvo lugar en la basílica subterránea la procesión eucarística. La jornada concluyó con la conferencia de la peregrinación, a cargo del consiliario de la Hospitalidad, Abel Fuentes, en torno al lema pastoral de este año en Lourdes: «Alégrate, llena de gracia». La reflexión recorrió el pasaje de la Anunciación del Evangelio de san Lucas y el «camino de gracia» que propone el santuario.

Durante los días siguientes, los peregrinos participaron en distintos momentos de oración y celebración. Entre ellos, el viacrucis, adaptado a los distintos grupos, y la misa de la Unción de los Enfermos, propia de la peregrinación diocesana, que fue presidida por don Abilio. También se celebró un viacrucis con los enfermos.

La visita a las piscinas era uno de los momentos más esperados este año. Por primera vez desde la pandemia, los enfermos pudieron bañarse de nuevo después de varios años en los que solo se realizaba el gesto del agua. La experiencia estuvo unida a la Hora Santa de la peregrinación, que volvió a tomar como referencia el Evangelio de la Anunciación y se detuvo también en el pasaje del paralítico —«¿Quieres quedar sano?»—, en el signo del agua y en la presencia de Cristo en el enfermo, iluminada por la parábola del buen samaritano y el mensaje de la Jornada Mundial del Enfermo.

Por la noche se celebró la procesión mariana, que tuvo en la basílica subterránea a causa del calor. En ella participaron varios miembros de la peregrinación de Ciudad Real. Dos jóvenes portaron la imagen de la Virgen, mientras otros peregrinos acompañaban con las luces en una de las celebraciones más características de Lourdes.

El domingo, la Hospitalidad participó en la misa internacional, presidida por el obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, Santos Montoya. En la celebración se reunieron hospitalidades de España y de otros lugares del mundo, mostrando el carácter universal del santuario y la comunión de la Iglesia en torno a los enfermos.

Por la tarde, la peregrinación diocesana celebró un encuentro propio, marcado por los testimonios. Intervinieron un enfermo, un hospitalario joven, un hospitalario veterano y un peregrino. Después, otras personas pudieron compartir también brevemente su experiencia. Según explica Abel Fuentes, fue un momento «muy enriquecedor», en el que muchos peregrinos expresaron  lo vivido durante esos días.

Este encuentro se unió a la entrega de insignias a los hospitalarios que cumplían distintos años de servicio, desde los primeros años de pertenencia hasta quienes alcanzaban una larga trayectoria en la Hospitalidad. Además, la Hospitalidad entregó la insignia de oro al obispo de Ciudad Real, que ha participado en la peregrinación por primera vez siendo obispo de Ciudad Real.

Para despedir la peregrinación se rezó el rosario, esta vez en una sala del hospital a causa de una fuerte tormenta. Allí se reunieron enfermos, hospitalarios y peregrinos para dar gracias a la Virgen por los días vividos en Lourdes. Al finalizar, los enfermos y peregrinos rezaron por los hospitalarios y por el equipo médico, agradeciendo su servicio durante toda la peregrinación.

La última noche concluyó con un encuentro con el grupo de jóvenes, centrado en la mirada: la mirada del mundo y la mirada de Dios sobre cada persona. A partir del amor de Dios, contemplado en el Corazón de Cristo, los jóvenes pudieron recapitular lo vivido durante la peregrinación y reconocer cómo Lourdes sigue siendo un lugar de gracia, servicio y encuentro con Cristo en los enfermos.