El Seminario acogió el encuentro de laicos de la diócesis

El Seminario Diocesano acogió el pasado sábado, 23 de mayo, el Día del Laicado Diocesano, un encuentro celebrado con motivo de la solemnidad de Pentecostés y de la Jornada de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Bajo el lema «Celebramos nuestra diócesis unidos por el Espíritu Santo», la jornada reunió a fieles laicos, familias, consejos parroquiales, miembros de hermandades y de distintas realidades eclesiales de la diócesis.

El encuentro estuvo organizado por varias delegaciones diocesanas: Apostolado Seglar, Pastoral Familiar, Pastoral de Juventud, Hermandades y Cofradías, Pastoral Universitaria, Pastoral Obrera y Pastoral de Educación. La celebración se enmarcó, además, en el 150 aniversario de la creación del Obispado Priorato de las Órdenes Militares, lo que dio a la jornada un sentido de memoria agradecida y de mirada al futuro.

Juan Manuel García de la Camacha, delegado diocesano de Apostolado Seglar, explicó que la jornada nacía con motivo de la solemnidad de Pentecostés y de la celebración del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Según señaló, el encuentro quería ser «una jornada de convivencia» y también una ocasión para recordar que «es necesario que los laicos tengamos nuestro día festivo y recobremos la importancia y la necesidad de nuestra vocación de laicos dentro de nuestra Iglesia y, evidentemente, dentro de nuestra Iglesia diocesana».

El delegado subrayó que, en el contexto del 150 aniversario del Obispado Priorato, la celebración adquiría un significado particular, al invitar a hacer memoria de la presencia y misión del laicado en la historia diocesana. «Celebramos también los 150 años de memoria del laicado», indicó, explicando que la jornada pretendía ser, en primer lugar, «celebrativa y festiva», pero también una oportunidad para hacer «memoria agradecida» de la vocación laical y para «recobrar ese fulgor» de cara al futuro.

La mañana comenzó con la acogida de los participantes y una oración inicial. Después, la jornada propuso una mirada a la historia del laicado en la diócesis, unida al camino recorrido por la Iglesia de Ciudad Real desde la creación del Obispado Priorato. Para esto, se contó con la conferencia del historiador y sacerdote Francisco Manuel Jiménez Gómez, experto en la historia de la diócesis de Ciudad Real. En su exposición, Jiménez recorrió distintos momentos de la acción de los seglares en la Iglesia de Ciudad Real, pasando por la Acción Católica, el asociacionismo laical en torno al trabajo, la obra misionera en las zonas rurales más deprimidas de la provincia, la presencia de laicos en la prensa de distintas épocas y ya, en la última parte de la conferencia, la actividad del laicado en el tiempo del episcopado del obispo Rafael Torija.

A continuación, una mesa redonda permitió conocer distintas realidades actuales del apostolado seglar y diferentes formas de implicación de los laicos en la vida diocesana.

García de la Camacha destacó también el valor de que la jornada hubiera sido preparada de manera conjunta por varias delegaciones. A su juicio, esta colaboración es «un motivo de orgullo», porque permite que el Día del Laicado Diocesano no sea una celebración aislada de una sola delegación, sino una expresión compartida de la vida de la Iglesia diocesana.

Por la tarde, el encuentro continuó con testimonios y trabajos en grupo, orientados a recoger propuestas, inquietudes e ideas para el futuro. El delegado de Apostolado Seglar expresó su deseo de que esta jornada sea «una primera piedra para futuros encuentros», ya que, afirmó, «es necesario e importante que los laicos tomemos nuestro papel dentro de nuestra Iglesia».

El Día del Laicado Diocesano concluyó con la celebración de la misa, presidida por el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea. En la homilía, el obispo centró su reflexión en la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y en la misión de todos los bautizados. Don Abilio recordó que, sin el Espíritu Santo, cualquier grupo o realidad eclesial corre el riesgo de quedarse «en pura estructura y en pura organización», porque es el Espíritu quien da vida al cristiano, a la Iglesia y al mundo.

Insistió en que el Espíritu Santo no solo da vida, sino que también envía a la misión. En este sentido, recordó que todos los bautizados son llamados a ser testigos del Evangelio y misioneros. «Cuando recibimos el Espíritu Santo en el bautismo, inmediatamente somos hechos también misioneros», señaló, enlazando esta llamada con la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia.

Don Abilio explicó que esta corresponsabilidad es «diferenciada», porque en la Iglesia existen responsabilidades diversas, pero todas están orientadas a la misma misión. Subrayó, además, que la vocación propia del laicado se vive de manera especial en las realidades del mundo: la familia, la educación, el trabajo, la pobreza y tantos otros ámbitos en los que los cristianos están llamados a transformar la sociedad desde el Evangelio.

Al mismo tiempo, el obispo advirtió contra la tentación de separar de manera rígida la vida interna de la Iglesia y la misión en el mundo. Los laicos, afirmó, no solo transforman las realidades temporales, sino que también hacen crecer la comunidad cristiana; del mismo modo, la jerarquía tiene también una palabra evangélica que ofrecer al mundo.

En la parte final de su homilía, don Abilio recordó que el Espíritu Santo es también principio de unidad. Citando la imagen de la Iglesia como cuerpo de Cristo, animó a los diversos grupos, movimientos, asociaciones y realidades del apostolado seglar a vivir sus carismas dentro de la Iglesia diocesana, buscando siempre «el bien común» y no únicamente el interés propio de cada grupo.

El obispo concluyó animando a los fieles laicos a vivir con paz, gozo y alegría la vocación recibida en el bautismo. Aunque reconoció que son muchas las dificultades para ser testigos en el mundo, recordó que los cristianos cuentan con la ayuda del Espíritu Santo. «Tengamos un corazón dispuesto, un corazón gozoso, para dar testimonio de Jesús en el mundo, ayudados por el Espíritu Santo», afirmó.