El patrimonio del Obispado Priorato

El Antiguo Casino de Ciudad Real acogió este miércoles, 20 de mayo, una nueva conferencia del ciclo organizado con motivo del 150 aniversario del Obispado Priorato de Ciudad Real.

La sesión, titulada «El ajuar del Obispado Priorato: peripecias de cuadros, muebles y otras alhajas de la sede de Ciudad Real», estuvo a cargo de Juan Crespo, doctor en Historia y profesor en el Colegio Salesianos «Hermano Gárate» de Ciudad Real, y de Pilar Molina, doctora en Historia del Arte y responsable del Departamento de Educación y Acción Cultural del Museo de Ciudad Real.

Los ponentes explicaron cómo, tras la creación del Obispado Priorato, no bastaba con la existencia jurídica de la nueva institución: era necesario dotarla de una sede, de una iglesia, de un seminario y de los bienes materiales indispensables para su funcionamiento. Cuando el primer obispo-prior, don Victoriano Guisasola y Rodríguez, llegó a Ciudad Real en 1877, se encontró con que prácticamente todo estaba por hacer.

En un primer momento se barajaron distintos espacios para organizar la nueva sede episcopal. Entre las posibilidades estuvieron las casas de la Vicaría o el convento de los Mercedarios, con la iglesia de la Merced como posible capilla del obispo. Sin embargo, aquellas opciones no prosperaron. También se estudiaron distintas iglesias para la sede prioral, entre ellas San Pedro y Santa María, decantándose finalmente por Santa María del Prado.

La conferencia mostró que la puesta en marcha del Obispado Priorato fue una tarea larga, desarrollada durante los primeros episcopados. Los trabajos comenzaron con Guisasola y continuaron con sus sucesores Antonio María Cascajares, José María Rancés y Casimiro Piñera, que fue quien pudo contemplar con mayor claridad los frutos de aquel proceso inicial.

Uno de los grandes problemas fue la falta de recursos económicos. Según expusieron los conferenciantes, se habían prometido ayudas del Ministerio de Gracia y Justicia y de la Diputación, pero el dinero no llegó en los primeros momentos. Por ello, las intervenciones se fueron realizando poco a poco, con actuaciones parciales para acondicionar los espacios: reformas en la sillería, ampliación del presbiterio y otras mejoras destinadas a adaptar la iglesia a su nueva función.

Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de «rellenar» los nuevos edificios con objetos, muebles, cuadros y alhajas que dieran forma material a la sede. En este contexto, se solicitaron piezas a distintas instituciones, entre ellas el Museo del Prado. Los ponentes explicaron que el obispo llegó a pedir doce cuadros y recibió diez, con un criterio práctico: más que el tema representado, interesaba que fueran obras de gran formato para vestir las paredes de la iglesia.

La conferencia también presentó una investigación reciente relacionada con la documentación de estas peticiones al Museo del Prado, en la que aparece el nombre de Federico de Madrazo, una de las grandes figuras del arte español del siglo XIX. Este dato permitió a los asistentes conocer mejor las conexiones institucionales que acompañaron la formación del patrimonio de la sede prioral.

A través de cuadros, muebles y otros objetos, Juan Crespo y Pilar Molina acercaron a los asistentes a una dimensión menos conocida de la historia diocesana: la de los bienes que hicieron posible la vida cotidiana, litúrgica e institucional del Obispado Priorato en sus primeros años.

El ciclo continuará el próximo miércoles con una nueva sesión en el Antiguo Casino, a cargo del arquitecto Diego Peris, que hablará de la restauración de la catedral en 1902, dentro del programa conmemorativo del 150 aniversario de la creación del Obispado Priorato, antecedente directo de la actual diócesis de Ciudad Real.