La parroquia de La Asunción de Nuestra Señora de Tomelloso clausuró el pasado miércoles, 29 de abril, el 450 aniversario de su historia con una eucaristía presidida por el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea. La celebración cerró un año de actos con los que la comunidad parroquial ha dado gracias por una historia que comenzó en 1575, cuando Francisco García tomó posesión de la iglesia como primer sacerdote independiente del cura de Socuéllamos.
La misa de clausura contó con la presencia de la Corporación Municipal de Tomelloso, el coro de niños y jóvenes, hermandades, grupos parroquiales y numerosos fieles. Concelebraron los párrocos de La Asunción, José Ángel Martín Acosta y Juan Carlos Gómez Rico; Santiago Rodrigo, sacerdote natural de Tomelloso; y Diego Plana, secretario del obispo y recién ordenado sacerdote.
En el templo se encontraba la Virgen de las Viñas, patrona de Tomelloso, que llegó a la parroquia el domingo 26 de abril tras la Romería. Don Abilio la citó al final de la homilía, encomendando a ella a la parroquia de La Asunción y a todas las parroquias de la localidad.
El aniversario comenzó el 22 de abril de 2025 con una misa presidida por don Gerardo Melgar Viciosa, entonces obispo de Ciudad Real y hoy obispo emérito. Desde entonces, la comunidad parroquial ha desarrollado distintos actos religiosos, culturales y formativos para recordar los orígenes de la parroquia y agradecer la vida cristiana que se ha transmitido durante estos 450 años.
En la homilía, don Abilio quiso que la clausura no fuera solo una mirada al pasado, sino una ocasión para renovar la vida presente de la comunidad parroquial, «no solamente vivir del pasado, sino potenciar el presente y proyectarnos hacia el futuro».
El obispo propuso tres pilares fundamentales para la vida parroquial: la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos, y la corresponsabilidad de todos los bautizados.
Sobre el primer pilar, don Abilio recordó que «durante 450 años el Evangelio ha sido proclamado en este templo innumerables veces». Pero invitó a preguntarse cómo se acoge esa Palabra y cómo se anuncia después a los demás. «Una parroquia viva es aquella donde la Palabra de Dios no queda relegada a la liturgia, solamente a la misa, sino que se convierte en el alimento diario para las familias, los grupos, las catequesis y la vida personal», afirmó.
El obispo habló también del primer anuncio y del testimonio cristiano, recordando que «el mejor método para anunciar a Jesucristo es el testimonio de una parroquia que vive alegre y resucitada».
Como segundo pilar, subrayó la importancia de la oración y de los sacramentos, especialmente la eucaristía. «La salvación que Cristo nos trajo en la cruz se actualiza en la eucaristía», dijo. Por eso, añadió, cada celebración hace presente la gracia de Cristo en la vida de la Iglesia: «No ha quedado en el pasado. Es real».
El tercer pilar, explicó, es la corresponsabilidad. Don Abilio recordó la presencia en la parroquia de hermandades, coro, catequistas, Consejo Pastoral, Pastoral de la Salud, Cáritas, liturgia, limpieza y ornamentación, y otros muchos servicios. «La comunidad parroquial la construimos entre todos», afirmó.
Insistió en que todos los bautizados participan de la misión de Cristo y están llamados a ser «discípulos misioneros», expresión que recordó del papa Francisco en Evangelii gaudium. Esa misión, dijo, se vive dentro de la parroquia, pero también en la familia, en el barrio, en la cultura, en el arte y en la atención a las personas más necesitadas.
Al concluir, don Abilio encomendó la vida parroquial a la patrona de Tomelloso: «Vamos a encomendarnos a nuestra Madre, la Virgen de las Viñas». Usando la imagen de la uva y el vino, pidió que los cristianos de Tomelloso sepan entregarse para dar fruto: «Que nosotros también seamos uva, seamos fruto, que nos exprimamos, que demos de sí todo lo que tenemos para hacer el buen vino, el vino de la alegría y el vino de la salvación».