La catedral de Ciudad Real acogió en la tarde del 25 de marzo la celebración diocesana de la Jornada por la Vida, coincidiendo con la solemnidad de la Anunciación del Señor. La eucaristía, presidida por el obispo, don Abilio Martínez Varea, fue preparada por la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar. Durante la misa, el obispo bendijo a cinco mujeres embarazadas, un gesto significativo en una jornada dedicada a la defensa y acogida de la vida humana.
En la homilía, don Abilio invitó a reflexionar sobre el misterio de la Encarnación, recordando que en la Anunciación contemplamos cómo Dios irrumpe en la historia de los hombres. Explicó que esta solemnidad sitúa en el centro a la Virgen María, porque «a través de ella, nos ha venido la gracia, nos ha venido la salvación y nos ha venido el Redentor». En este sentido, evocó a los Padres de la Iglesia para mostrar la importancia de María en la historia de la salvación. Recordó, por ejemplo, la conocida expresión de san Ireneo, según la cual «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María», y añadió también la enseñanza de san Juan Crisóstomo: «Si la muerte vino por Eva, la vida nos ha venido por María”.
A partir de ahí, don Abilio enlazó el misterio de la Encarnación con el sentido de la Jornada por la Vida, subrayando que la Anunciación «es el día de la vida […] porque en María se encarnó la vida. En María Dios se hizo vida», señaló. Por eso recordó también el lema de este año, «la vida, un don inviolable», para insistir en la necesidad de custodiar y defender toda vida humana.
En este sentido, el obispo aseguró que «la defensa de la vida […] desde el momento de la concepción hasta el fin natural, no es una cuestión solamente religiosa, que lo es», sino que «también es una cuestión de recta razón y de ciencia».
Don Abilio quiso enmarcar además esta defensa de la vida en la virtud de la esperanza, recordando una reflexión del papa Francisco en la bula del pasado Jubileo. Señaló que el Papa relaciona la falta de natalidad con una falta de esperanza en las sociedades contemporáneas. «No hay vida porque no tenemos esperanza», resumió don Abilio, añadiendo que «allí donde menos natalidad hay son los países con mayor desesperanza».
Frente a esa mentalidad, hizo «una llamada a la esperanza, tanto a los cristianos como a las personas de buena voluntad, enamorados de la vida», e invitó a todos a promover una verdadera cultura de la acogida. En esa línea, recordó que «hay muchas iniciativas que acogen, acompañan y ayudan a las mujeres embarazadas que tienen problemas», y defendió «una cultura de la vida que no quiere la eliminación del niño como solución de nada».
En la celebración se bendijo a cinco mujeres embarazadas, un signo visible del compromiso y oración de la Iglesia con la vida naciente y con el acompañamiento a la maternidad. En la parte final de la homilía, el obispo encomendó esta intención a la Virgen María y pidió su intercesión para construir una sociedad «donde cada niño sea un mundo, donde cada niño sea bien recibido y que cada madre encuentre en nosotros el apoyo necesario para abrazar la vida».