Visita del Seminario Mayor a Cáceres

El Seminario Mayor de Ciudad Real ha visitado Cáceres del 11 al 13 de febrero tras concluir el periodo de exámenes, en unos días que han combinado descanso, convivencia y encuentro con otros seminaristas.

Al terminar los exámenes de febrero «aprovechamos siempre para hacer un par de días de descanso y visitar otros seminarios», explica Juan Serna, rector del Seminario. Este año el destino elegido ha sido el Seminario de Cáceres, dentro de una actividad que busca no solo el descanso, sino también «que haya convivencia entre los seminaristas y, sobre todo, conocer otros seminarios y entablar lazos de fraternidad con seminaristas de otras diócesis».

El viaje comenzó el 11 de febrero con destino a Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Allí fueron acogidos por la comunidad de franciscanos, con quienes celebraron la eucaristía ante la imagen de la Virgen de Guadalupe. Los religiosos les invitaron también a compartir la comida y les guiaron por el monasterio, explicándoles su historia y su significado espiritual.

Tras la visita a Guadalupe, el grupo se trasladó a Cáceres, donde quedó alojado en el seminario diocesano de Coria-Cáceres. Al día siguiente, visitaron la ciudad de Cáceres, recorriendo sus calles y conociendo algunos de sus principales enclaves históricos. Por la tarde se desplazaron hasta el Convento del Palancar, fundado por San Pedro de Alcántara. Allí celebraron la misa en un entorno marcado por la pobreza evangélica. El convento, considerado uno de los más pequeños del mundo, es un lugar profundamente vinculado a la espiritualidad franciscana y a la figura de su fundador.

El viernes por la mañana el grupo subió al Santuario de la Virgen de la Montaña, dedicado a la patrona de la ciudad. Allí pudieron rezar ante la imagen y contemplar la ciudad desde uno de sus enclaves más emblemáticos. Posteriormente se desplazaron a Mérida, donde realizaron una visita antes de emprender el regreso a Ciudad Real.

El rector subraya que este tipo de salidas forman parte del itinerario formativo del seminario. No se trata únicamente de unos días de descanso tras los exámenes, sino de una experiencia que fortalece la convivencia entre los seminaristas. El contacto con otras comunidades formativas, la celebración de la misa en lugares de especial significado y el conocimiento de la historia y espiritualidad de otras diócesis enriquecen el proceso de discernimiento vocacional.