La parroquia de San Juan Bautista de la Concepción de La Solana celebró el sábado 7 de febrero la reapertura de su templo parroquial tras quince meses de intensas obras de rehabilitación. La eucaristía, presidida por el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, marcó el regreso de la vida litúrgica al templo y congregó a numerosos fieles, que llenaron por completo la iglesia.
Junto al obispo concelebraron varios sacerdotes que han pasado por la parroquia a lo largo de los años, el párroco, Óscar Casas, y el vicario parroquial, Felicien Harindintwari, y el párroco de Santa Catalina de La Solana, Benjamín Rey. Además, participó en la misa el diácono Diego Plana.
La celebración estuvo acompañada musicalmente por una coral formada para la ocasión con fieles de las dos parroquias de La Solana y con la participación de algunos miembros procedentes de Manzanares, dirigida por el sacerdote Tomás Jesús Serrano.
Antes del inicio de la misa, el obispo fue recibido a los pies del templo, desde donde accedió al interior acompañado por el párroco, Óscar Miguel Casas Arévalo. Ya dentro, don Abilio permaneció unos momentos en oración ante el Santísimo Sacramento, colocado en una capilla lateral que acoge el nuevo retablo del siglo XVII recientemente incorporado al conjunto artístico del templo.
«Después de año y medio de obras, la parroquia de San Juan Bautista de la Concepción vuelve a abrir sus puertas para recibir a la comunidad parroquial», dijo el párroco Óscar Casas, que insiste en que la reapertura no es solo un acto material, sino una acción de gracias: «Hoy, en esta misa de reapertura y de bendición, volvemos a reunirnos en torno al Señor, en torno a Jesús, para dar gracias por todo lo que ha acontecido». Recordó, además, que el trabajo realizado es fruto de un esfuerzo prolongado en el tiempo, más allá de los últimos meses: «Esta es una obra que no solamente depende de lo que hemos hecho aquí en este tiempo nosotros, sino de lo que se ha ido haciendo durante muchísimos años».
En la homilía, el obispo comenzó saludando a los sacerdotes concelebrantes, a las autoridades civiles, al Consejo parroquial, a las cofradías y a todos los asistentes. Don Abilio destacó que la comunidad recogía «el fruto del esfuerzo de estos quince meses» y subrayó que la intervención había sido «una rehabilitación profunda, no solamente de pura estética», en un templo «que tiene tanta historia».
El obispo valoró la dignificación del espacio litúrgico y la incorporación del retablo del siglo XVII, «que no abunda de ese siglo en nuestra diócesis», recordando que los retablos «son siempre expresión de un mensaje de Dios para los cristianos, una auténtica catequesis». No obstante, insistió en que la primera acción de gracias debía dirigirse a Dios «porque Dios es de quien mana y procede todo bien».
Don Abilio aludió también a las dificultades vividas durante las obras y a las lluvias inesperadas, señalando que, a pesar de todo, la comunidad ha podido experimentar la providencia divina: «A lo largo de este tiempo habéis visto la mano de Dios, habéis visto la providencia divina que os ha ido llevando y acompañando en este viaje, en esta aventura no exenta de dificultades».
«Ojalá que estas obras tan profundas que habéis realizado en este templo supongan también una recepción del Espíritu Santo que transforme a esta comunidad parroquial en una comunidad de piedras vivas y que recobre un nuevo impulso»
Recordó que los templos son fruto de la fe de quienes nos precedieron, hombres y mujeres que, con pocos medios materiales pero con una fe profunda, levantaron estos espacios para expresar la presencia de Dios. «Tenemos que encender nuestros corazones para vivir esa misma fe, no solamente heredar los magníficos templos, sino heredar también su fe», afirmó.
«Ojalá que estas obras tan profundas que habéis realizado en este templo supongan también una recepción del Espíritu Santo que transforme a esta comunidad parroquial en una comunidad de piedras vivas y que recobre un nuevo impulso», dijo don Abilio, que animó además a la parroquia a ser «cada vez más viva y más misionera», evitando convertirse en «piedras cansadas o piedras aburridas».
Por otro lado, recordó la llamada de Jesús a ser sal y luz en el mundo para expresar cómo debe ser el camino parroquial: «La comunidad que nace de las bienaventuranzas tiene que iluminar y dar sabor a tantas personas que han perdido la fe, que han perdido el sentido de la vida y necesitan el calor y la luz de Jesús de Nazaret y de sus seguidores».
Recordando que estos días celebramos la Campaña contra el hambre de Manos Unidas, don Abilio invitó a todos los participantes a trabajar por un mundo más justo: «Pidamos al Señor que nos dé un corazón sensible, unas manos generosas y un corazón valiente para trabajar por un mundo donde nadie sea excluido y donde el pan y la dignidad puedan existir para todo el mundo».
El obispo concluyó agradeciendo la cuidada preparación de la celebración y la participación de la coral y de todos los que intervinieron, señalando que la reapertura del templo es «el fruto de muchos meses y de muchos esfuerzos», confiando en que «el Señor nos lo premiará y nos acompaña».
La reapertura del templo de San Juan Bautista de la Concepción devuelve a la comunidad parroquial un espacio renovado al servicio de la vida litúrgica y pastoral de La Solana. Además, la imagen de Jesús Rescatado, muy querida por los solaneros, regresa al lugar en el que recibe tradicionalmente culto.