Profesores de Religión reflexionan sobre la esperanza

El Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo acogió el pasado 17 de enero el II Encuentro regional de profesores de Religión de Castilla-La Mancha, una jornada formativa y de convivencia convocada por las cinco diócesis de la región, que reunió a 150 docentes de Religión para reflexionar sobre su misión educativa y evangelizadora en el contexto actual.

El momento central y formativo de la jornada fue la ponencia del profesor y filósofo Francesc Torralba, que desarrolló una reflexión profunda sobre el papel de la escuela bajo el título La escuela: semilla de esperanza. Torralba situó su intervención en un contexto marcado por el desencanto social, la fragilidad emocional y la proliferación de discursos pesimistas sobre el futuro, especialmente en el ámbito educativo. En este escenario, subrayó que articular un discurso sobre la esperanza no es ingenuo ni evasivo, sino una tarea necesaria y con plena legitimidad intelectual.

A lo largo de su exposición, explicó que la esperanza no puede confundirse con el optimismo ni con un simple cálculo de probabilidades, sino que se trata de una virtud —también reconocida como valor humano— que permite confiar en que el bien, aunque sea arduo y difícil, puede realizarse con la ayuda de los demás y, para los creyentes, con la ayuda de Dios. En este sentido, destacó que la esperanza se mueve en el ámbito de la posibilidad, no de la mera expectativa, y que abre caminos nuevos allí donde los análisis racionales solo ven fracaso o repetición de errores.

Torralba vinculó esta reflexión directamente con la tarea educativa, afirmando que no es posible educar sin esperanza, ya que la acción educativa presupone la confianza en que la persona puede crecer, cambiar y desarrollar sus capacidades. Definió la educación como un proceso de acompañamiento en el desarrollo de las potencialidades latentes de cada alumno, dentro de una comunidad educativa que actúa como un ecosistema capaz de proteger, cuidar y hacer florecer esa «semilla» que es cada persona. En este proceso, señaló la importancia del tiempo, la perseverancia y el trabajo comunitario frente a la cultura de la inmediatez y el cansancio.

Asimismo, insistió en que educar implica acompañar a cada alumno en la construcción de su proyecto vital, ayudándole a descubrir su vocación, a afrontar las dificultades y a reformular sus proyectos cuando irrumpe lo inesperado. Para ello, consideró fundamental enseñar a soñar de forma realista y esperanzada, ofreciendo a los jóvenes herramientas para no rendirse ante el fracaso ni dejarse arrastrar por mensajes de desesperanza.

Tras la ponencia de Torralba, se presentó el proyecto «Huellas de luz: Descubriendo los sacramentos en la Catedral», de Toledo. Después, se hizo una presentación de las catedrales de la región adaptada para usarse en las clases de Religión.

Una auténtica vocación al servicio del Evangelio

La jornada concluyó por la tarde con la celebración de la misa, presidida por el arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro, quien animó a los profesores de Religión a vivir su tarea docente como una auténtica vocación al servicio del Evangelio. En su homilía, el arzobispo subrayó que el centro de la misión del profesor de Religión es Jesucristo, y que anunciarlo y darlo a conocer es ofrecer el mayor bien que se puede brindar a la humanidad.

Mons. Cerro agradeció expresamente la labor de los docentes de Religión, reconociendo su preparación, su cercanía a los alumnos y, en muchas ocasiones, la soledad con la que desempeñan su trabajo. Los animó a vivir su servicio con pasión por la Iglesia, una Iglesia real, con luces y sombras, pero abierta a todos y portadora de lo mejor del ser humano.

Finalmente, destacó la importancia de la presencia de la asignatura de Religión en la escuela como medio para construir un mundo con Dios, recordando que, aunque se pueda edificar una sociedad prescindiendo de Él, se trata de un proyecto sin futuro. En este sentido, valoró la contribución de los profesores de Religión a la transmisión de la fe y de la cultura cristiana, fundamentales para comprender la historia, el patrimonio y las raíces de nuestra sociedad. El arzobispo concluyó animando a los participantes a seguir adelante en su misión educativa con ánimo y confianza.