Esta mañana se ha presentado ante los medios la Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra el domingo 18 de enero. En la rueda de prensa, que ha tenido lugar en el Obispado, ha intervenido el delegado diocesano de Misiones, el sacerdote Damián Díaz Ortiz, junto al misionero pasionista Javier Chamero.
El delegado recordó que la Jornada de la Infancia Misionera está organizada por la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, una institución creada hace más de 180 años con el objetivo de promover la solidaridad entre los niños de todo el mundo y de ayudar a padres, catequistas y educadores a formar a los más pequeños en la dimensión misionera y universal de la fe.
Subrayó que, a lo largo de estos más de ciento ochenta años, los niños de la Infancia Misionera han prestado ayuda a millones de niños sin distinción de raza, cultura o nación, colaborando en su alimentación, vestido, atención sanitaria, protección de la vida, educación escolar y crecimiento en la fe cristiana.
Este año, la jornada se celebra bajo el lema «Tu vida, una misión», que recuerda que cada persona, también cada niño, está llamada a participar en la misión común de construir un mundo mejor, explicó Díaz Ortiz. «Desde pequeños soñamos con hacer algo grande, algo importante, y los niños de África, Asia o América también», afirmó, insistiendo en que todos, con mayores o menores posibilidades, pueden aportar medios materiales y valores que humanizan y hacen crecer a toda la comunidad.
«En 2024 la Infancia Misionera recaudó en todo el mundo 13.858.862,33 euros»
En cuanto a los datos económicos, el delegado informó de que en 2024 la Infancia Misionera recaudó en todo el mundo 13.858.862,33 euros, con los que se beneficiaron más de cuatro millones de niños. España fue el país que más aportó, con 2.453.113,45 euros, de los cuales 80.018,46 euros procedieron de la diócesis de Ciudad Real. Gracias a estos fondos se pudieron llevar a cabo 2.600 proyectos relacionados con colegios, hospitales, hogares y catequesis.
Del total recaudado, el 55 % se destinó a educación, el 25 % a salud y protección de la vida y el 20 % a evangelización, apoyando catequesis, campamentos, encuentros y otras iniciativas pastorales dirigidas a la infancia. Con lo recaudado en España se financiaron 473 proyectos en 36 países, beneficiando a más de 700.000 niños.
Díaz explicó también las iniciativas que se desarrollan para animar la participación de los niños, como el acompañamiento desde Adviento hasta la Jornada, el material catequético adaptado por edades —también para niños con TEA—, la hucha del compartir, el XI Concurso Nacional de Dibujo, la revista Gesto o el campamento de verano. Asimismo, animó a los adultos a colaborar con su oración y sus donativos, recordando que toda la información está disponible en infanciamisionera.es.
En el ámbito diocesano, durante esta semana un misionero seglar está visitando centros educativos de Ciudad Real para dar su testimonio. El domingo, en la parroquia de San Pedro, se celebrará la eucaristía y, a continuación, juegos misioneros en el atrio. También se han organizado actividades en Alcázar de San Juan, La Solana, Miguelturra, Pedro Muñoz y otras parroquias de la diócesis, donde los niños son los principales protagonistas.
Con todas estas acciones la diócesis quiere fomentar el espíritu misionero, solidario y universal en los niños, para que se sientan hermanos de todos los niños del mundo y compartan su vida a través de la misión de la Iglesia.
«Sin la ayuda, los proyectos no serían posibles»
Tras la intervención del delegado de Misiones, tomó la palabra el misionero pasionista Javier Chamero, natural de Belvís (Ciudad Real), que ha desarrollado su labor misionera en Angola durante los últimos años y que próximamente partirá hacia Perú, después de haber estado también en Cuba y El Salvador.
Chamero explicó algunos de los proyectos impulsados en Angola en los últimos cuatro o cinco años, muchos de ellos posibles gracias a la colaboración de la Delegación de Misiones de Ciudad Real, que ha aportado alrededor de 20.000 euros. En este sentido, agradeció expresamente el apoyo recibido por parte de la diócesis, subrayando que «sin esa ayuda muchos de estos proyectos no habrían sido posibles».
Entre las iniciativas desarrolladas, destacó un proyecto iniciado en 2021 junto a las religiosas del Salvador del Mundo, destinado a niños recién nacidos abandonados, algunos de ellos recogidos incluso en contenedores. A este proyecto se destinaron 8.500 euros, empleados fundamentalmente en alimentación, atención sanitaria y educación de los menores acogidos.
Otro de los proyectos que mencionó fue el trabajo con niños de la calle, una realidad muy extendida en Angola. Ante el riesgo de que estos menores acabaran en la delincuencia o integrados en pandillas, se apostó por la educación y la música como medio de integración, enseñándoles guitarra, violín, piano y percusión tradicional. Para este proyecto, la Delegación de Misiones aportó en torno a 4.500 euros, con el objetivo de «sacarlos de la calle poco a poco e integrarlos con otros niños y adolescentes».
«Ante el riesgo de que estos menores acabaran en la delincuencia o integrados en pandillas, se apostó por la educación y la música como medio de integración»
Chamero se refirió también a un proyecto educativo en las afueras de Luanda, donde recordó que en Angola el 55 % de los niños no acude a la escuela. En la zona en la que trabajaban, de unos 3.500 menores sin escolarizar, se logró escolarizar a 650 niños, gracias a una ayuda de 3.500 euros destinada a material escolar, mochilas y uniformes, acompañada de un seguimiento educativo y familiar.
Asimismo, destacó la importancia de los comedores para niños desnutridos, que atienden a varios centenares de menores y que no solo garantizan la alimentación, sino también la seguridad alimentaria, la salud y la denuncia de las situaciones de injusticia, implicando en la medida de lo posible a las instituciones locales.
El misionero insistió en que la fuerza transformadora del Evangelio no actúa de manera automática, sino que necesita acciones concretas, en la línea de la Doctrina Social de la Iglesia, para promover la dignidad de las personas. «No nos sentimos salvadores del mundo, sino instrumentos humildes», afirmó, subrayando la importancia de trabajar por un desarrollo comunitario que evite el asistencialismo y permita que los proyectos continúen cuando los misioneros ya no están.
Para terminar su intervención, Javier Chamero agradeció de nuevo a la Iglesia de Ciudad Real, a la Delegación de Misiones y a todas las personas que colaboran, porque gracias a su solidaridad «estos pequeños proyectos siguen hoy vivos».