«Ser obispo es ser el pastor y el amigo de todos»

El obispo de Ciudad Real participó el pasado 13 de octubre en el podcast «Tiza, tecla y silbato» del Colegio Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real, donde habla de su infancia, su vocación y los retos de la diócesis.



En la entrevista, realizada por un profesor y alumnos del centro, el obispo repasó su trayectoria personal y sacerdotal, compartiendo sus impresiones sobre la diócesis después de su primer año y señalando algunas de sus prioridades pastorales.

«Me he encontrado una diócesis que tiene muchísima vitalidad», dijo don Abilio al hablar de su llegada a Ciudad Real. El obispo reconoció que le ha sorprendido especialmente la participación de los fieles en las parroquias, los movimientos, las catequesis, los grupos scouts y las hermandades, así como la asistencia a las celebraciones. Como ejemplo, ha recordado su sorpresa al encontrar iglesias como la de Campo de Criptana llenas de fieles en una misa dominical.

Esta vitalidad supone también una mayor dedicación, pero asegura que lo vive con alegría: «Intentaré estar en todo lo que pueda con el pueblo de Dios que me ha sido confiado».

Formación, jóvenes y vocaciones
 
Junto a esta valoración, don Abilio señaló la necesidad de que la participación en la vida de la Iglesia vaya acompañada de una mayor conciencia de lo que significa ser cristiano. En este sentido, advirtió del riesgo de reducir el cristianismo a una cuestión «puramente sociológica», limitada, por ejemplo, a participar en una procesión o en una celebración puntual.

Por ello, insiste en la importancia de la formación cristiana, que considera necesaria para responder a los desafíos de una sociedad que cambia rápidamente.

Preguntado por lo que espera de la diócesis en los próximos años, destaca también el desarrollo de la pastoral juvenil en las parroquias. Aunque considera que la pastoral diocesana con jóvenes está bien estructurada, desea que llegue con más fuerza a las comunidades parroquiales y que se creen grupos estables de jóvenes, especialmente en las poblaciones de mayor tamaño.

Otra de sus preocupaciones es el Seminario, al que asegura que dedica una atención especial tanto en su oración como en su trabajo cotidiano. Asimismo, recuerda que la misión de la Iglesia debe atender las distintas formas de pobreza, no solo las materiales, sino también las relacionadas con la soledad y la enfermedad.

De su infancia en Autol a la vocación sacerdotal

Don Abilio recordó su infancia en Autol, en La Rioja, dentro de una familia de agricultores, y los valores que recibió de sus padres, especialmente el sacrificio y la honradez.

En el podcast, habla con cariño de sus maestros y de los dos sacerdotes de su pueblo, don Pedro y don José María, cuya entrega a las familias y a los enfermos influyó decisivamente en su vocación.

Ingresó en el Seminario con doce años, aunque explica que el discernimiento vocacional más profundo llegó posteriormente, hacia los diecisiete o dieciocho. También reconoce que, si no hubiera sido sacerdote, probablemente habría elegido la enseñanza, especialmente como maestro de Educación Primaria.

Precisamente, su experiencia en el ámbito educativo marca su manera de comprender el ministerio sacerdotal y episcopal. «Lo principal para estar con la gente, sean unos jóvenes, sean unos niños o niñas de primaria o de secundaria, lo principal es quererlos», explica.

En este sentido, compara la misión de un obispo con la de un educador, pues ambas requieren acompañar a las personas y ayudarlas a desarrollar lo mejor de sí mismas.

«Ser obispo es ser el pastor y el amigo de todos»

Durante el podcast, don Abilio recuerda cómo recibió, con sorpresa, su nombramiento como obispo de Osma-Soria y asegura que, después de 37 años de sacerdocio, conserva «la misma ilusión» de sus primeros años de ministerio por servir a Dios, a la Iglesia y a las personas.

En una parte más distendida del programa, respondió a varias preguntas rápidas de los entrevistadores. Definió al papa Francisco como «abierto» y a León XIV como «pacífico», reconoció su preferencia por las chuletillas a la brasa y aseguró sentirse en Ciudad Real «como en casa». Al completar la frase «ser obispo es...», respondió: «Ser el pastor y el amigo de todos».

La entrevista concluyó con unas palabras dirigidas a la comunidad educativa del Colegio Nuestra Señora del Prado. El obispo agradeció la acogida recibida y animó al centro a seguir ofreciendo una formación que una la excelencia académica con los valores cristianos, sin perder su identidad. Además, expresó su deseo de regresar próximamente para conocer con más tranquilidad las aulas y compartir tiempo con los alumnos.

La conversación, en la que participaron los alumnos Celia, Ángel, Judit y David junto al profesor Luisma, forma parte del primer programa del curso de Tiza, Tecla y Silbato, que inicia su octava temporada.