Del 27 de julio al 2 de agosto, ciento treinta jóvenes de distintos puntos de la diócesis participaron en el Camino de Santiago organizado por la Delegación Diocesana de Pastoral con Jóvenes. La peregrinación recorrió el Camino Sanabrés desde Orense.
Durante cinco etapas, los participantes, junto a los monitores, recorrieron cerca de 125 kilómetros hasta llegar a Santiago de Compostela. Participaron jóvenes procedentes, entre otros lugares, de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Herencia, Bolaños de Calatrava, Daimiel, Ciudad Real y Villarrubia de los Ojos, acompañados por un grupo de monitores y sacerdotes.
El Camino es la propuesta de verano de la Delegación de Pastoral con Jóvenes, recogiendo el espíritu de los antiguos campamentos que organizaban para las mismas edades y trasladándolo a una experiencia de peregrinación, convivencia y fe. Cada jornada comenzaba con la oración y un tiempo de silencio durante la marcha, y a lo largo del día se reservaban también momentos para el rezo del rosario, la celebración de la misa, Hora Santa y confesiones.
A lo largo de las etapas, la reflexión tomó como punto de partida distintos elementos propios de la peregrinación para relacionarlos con la vida de cada joven. Por jemplo, la mochila sirvió para hablar de aquello que cada uno carga consigo y de las heridas del pasado; las botas, de los apoyos que ayudan a caminar; y el bastón, las piedras o el agua permitieron profundizar en otros aspectos de la vida y de la fe.
Durante el recorrido del camino se procuró adaptar el ritmo a quienes estaban más cansados y ayudarse unos a otros durante la marcha. Desde la Delegación destacan precisamente ese ambiente de grupo y ayuda entre los jóvenes, así como la sensación de haber formado «una familia» durante los días de peregrinación.
Uno de los momentos más esperados llegó con la entrada en la plaza del Obradoiro, especialmente emocionante para muchos de los jóvenes que realizaban por primera vez el Camino de Santiago. Ya en la ciudad, el 1 de agosto, el grupo mantuvo un encuentro con los Hermanos Carmelitas Contemplativos, que compartieron con los jóvenes su testimonio de vida y su vocación. La música y los cantos acompañaron también la celebración de la eucaristía.
La peregrinación concluyó el 2 de agosto con la misa del peregrino antes de emprender el regreso a Ciudad Real.