El pasado 20 de junio se celebraron en Minas del Horcajo las fiestas en honor a san Juan Bautista, titular de la antigua iglesia de esta pequeña aldea situada en Sierra Madrona. Aunque el pueblo apenas sobrevive hoy en sus calles, la fe y la memoria de quienes lo habitaron siguen reuniendo cada año a vecinos y antiguos habitantes en torno a la fiesta de su patrón.
Minas del Horcajo —pedanía de Almodóvar del Campo— fue, a comienzos del siglo XX, un pueblo con una gran actividad minera y llegó a contar con miles de habitantes. Hoy, sin embargo, quedan solo seis personas censadas. La antigua iglesia, dedicada a san Juan Bautista, se encuentra semiderruida, pero la devoción no ha desaparecido. Por eso, la celebración se realiza en una pequeña capilla levantada para mantener viva la presencia de la fe en este lugar marcado por la historia y el paso del tiempo.
La fiesta congregó este año a personas llegadas de distintos lugares, muchas de ellas vinculadas familiar o afectivamente a Minas del Horcajo. Algunos son descendientes de quienes vivieron allí; otros mantienen la devoción al santo y el cariño por un pueblo que, aunque casi despoblado, continúa siendo lugar de encuentro, oración y recuerdo.
Para la fiesta se celebró una procesión,presidida por el sacerdote Iván Bastante, con la imagen de san Juan Bautista por lo que fueron las antiguas calles del pueblo, hoy convertidas en caminos. El recorrido volvió a llevar al santo por los espacios que un día estuvieron llenos de vida, trabajo y familias.
De este modo, Minas del Horcajo sigue celebrando la fe a pesar del abandono y del paso de los años. Allí donde el pueblo apenas permanece en pie, continúa viva la memoria cristiana de sus habitantes. La fiesta de san Juan Bautista es signo de esperanza: la historia de un lugar puede apagarse poco a poco, pero la fe sembrada en sus gentes sigue dando fruto en quienes regresan cada año para celebrar, recordar y rezar.
Minas del Horcajo
Minas del Horcajo, que era conocido simplemente como Horcajo, nació y creció al calor de la actividad minera en Sierra Madrona. La explotación de sus minas de galena argentífera, rica en plata, convirtió a este enclave en un lugar de gran movimiento y prosperidad, con estación minera propia y una vida social marcada por el trabajo de la mina.
El cierre definitivo de la actividad minera, en la segunda mitad del siglo XX, provocó el progresivo abandono del pueblo. De aquel pasado quedan hoy restos de viviendas, instalaciones mineras, castilletes y la antigua iglesia de San Juan Bautista, signo de una historia en la que la fe acompañó la vida cotidiana de generaciones de familias.