«Alzar la mirada a Cristo y alzar la mirada al hermano»

Ciudad Real celebró el pasado domingo 7 de junio la solemnidad del Corpus Christi con la misa y la procesión presididas por el obispo de Ciudad Real y prior de las Órdenes Militares, don Abilio Martínez Varea, en la Catedral de Santa María del Prado y por las calles del centro de la capital.

La celebración tuvo lugar en una jornada marcada en el país por el viaje del papa León XIV a España. El obispo regresaba de Madrid, donde por la mañana participó en el encuentro con el Papa y en la misa del Corpus Christi, antes de presidir por la tarde la celebración diocesana en Ciudad Real.

En la eucaristía participó el cabildo de la catedral y sacerdotes de las parroquias de Ciudad Real, junto al diácono Saúl Calvo Sanz. Como es tradicional en esta solemnidad, estuvieron presentes los caballeros de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, históricamente ligadas al origen de la diócesis. También participaron seminaristas mayores que ayudaron en la liturgia y seminaristas del Seminario Menor, que animaron el canto de la celebración, autoridades, miembros de hermandades, los niños que han hecho la primera comunión este año, vida consagrada y numerosos fieles.

En la homilía, don Abilio explicó el sentido profundo de la solemnidad del Corpus Christi, fiesta en la que la Iglesia proclama públicamente su fe en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Subrayó que esta fiesta ayuda a contemplar de modo especial la presencia real de Cristo en el sacramento del altar. «Realmente decimos: en el pan y el vino está presente nuestro Señor Jesucristo», señaló. En este sentido, explicó la relación entre el Jueves Santo y el Corpus Christi: «El día del Jueves Santo es que Jesucristo instituye la eucaristía para quedarse con nosotros. Pero en la del Corpus Christi el significado es que verdadera y realmente está presente Cristo, que no es como si lo estuviera, que no hacemos como si fuera la presencia de Cristo, sino que es verdadera y real», dijo.

Al hilo de las lecturas, don Abilio se detuvo en el maná del desierto y en el discurso del pan de vida del evangelio de san Juan. Frente al maná que alimentó al pueblo de Israel durante su peregrinación, recordó que Cristo es el verdadero pan bajado del cielo: «Ese pan que los israelitas comieron es un pan que solamente daba la vida diaria, pero acaban muriendo. Mientras que Juan nos dice: Jesucristo es el pan que da la vida eterna».
 

«El día del Jueves Santo es que Jesucristo instituye la eucaristía para quedarse con nosotros. Pero en la del Corpus Christi el significado es que verdadera y realmente está presente Cristo, que no es como si lo estuviera, que no hacemos como si fuera la presencia de Cristo, sino que es verdadera y real»


Por eso, continuó, la eucaristía es anticipo de la vida definitiva en Dios. «Comer a Jesucristo es comer la vida eterna. Por eso la eucaristía es el cielo aquí en la tierra. La eucaristía es el banquete celestial, el banquete del cielo anticipado aquí en la tierra, porque es prenda de vida eterna». También recordó que los Padres de la Iglesia llamaron a la eucaristía «la farmacia, el medicamento, porque nos da la vida eterna».

Asimismo, se refirió a la unión entre eucaristía y caridad, especialmente en este día en el que la Iglesia celebra el Día de la Caridad. Don Abilio recordó el mensaje que el papa León XIV había dirigido esa misma mañana en Madrid, insistiendo en que la adoración a Cristo no puede separarse del amor concreto al hermano. «El Papa nos lo ha recordado esta mañana», dijo, aludiendo a que en España el Corpus Christi es también, desde hace décadas, el Día de la Caridad: «Al abrazar a Cristo hay que abrazar al hermano también» y «no podemos adorar a Cristo y despreciar al hermano».

El obispo relacionó este mensaje con el lema de la visita del Papa a España, «Alzad la mirada», que resonó también en la celebración de Ciudad Real. «Alzar la mirada a Cristo, alzar la mirada a la eucaristía, porque está verdaderamente, realmente presente Cristo, y alzar la mirada al hermano», dijo.

En este sentido, invitó a la comunidad a no quedarse solo en las realidades humanas, sino a volver la mirada a Dios y, desde Él, a las necesidades de los demás. «Tenemos que decir que no solamente basta con mirar a Dios, hay que mirar al hermano. Pero tal vez ahora tenemos que insistir también en mirar a Dios, en que no nos quedemos solamente en la tierra, en que no nos quedemos solamente en las cosas humanas, no, sino que miremos a Dios».
 

«Aquellos que participamos de la eucaristía tenemos que alzar la mirada también al hermano, especialmente al hermano pobre y necesitado»


Ese mirar a Cristo en la eucaristía, añadió, debe llevar necesariamente a mirar al hermano pobre y necesitado: «Aquellos que participamos de la eucaristía tenemos que alzar la mirada también al hermano, especialmente al hermano pobre y necesitado». Pidió acompañar a «una persona enferma, una persona solitaria, una persona que no tiene trabajo, una persona que no tiene amigos, una persona que sufre por lo que sea», rostros hacia los que se dirige la caridad cristiana.

Al final de su homilía, don Abilio resumió el sentido de la fiesta recordando que la eucaristía edifica la comunión de la Iglesia: «Cuando participamos de la eucaristía, nos hacemos cada vez más Iglesia, más comunión y más familia».

Antes de la procesión, el obispo invitó a vivir el recorrido por las calles como una manifestación pública de fe en la presencia real de Cristo. «Cuando recorramos las calles de nuestra ciudad con la custodia y el Señor presente en la custodia, alcemos la mirada hacia Él», dijo, recordando que el cuerpo de Cristo es también el cuerpo del que forman parte todos los bautizados.

Tras la misa, comenzó la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Ciudad Real. Numerosos fieles llenaron el recorrido, preparado y engalanado para la ocasión con alfombras de sal, algo que el obispo agradeció expresamente en la homilía por el trabajo y el tiempo dedicados a realizarlas.

La custodia recorrió las calles del centro acompañada por el clero, los caballeros de las Órdenes Militares, autoridades, hermandades, niños que han hecho la primera comunión este año, asociaciones y fieles. La celebración concluyó con la bendición final, después de una jornada en la que Ciudad Real volvió a expresar públicamente su fe eucarística.