Con motivo del Día del Seminario, el rector del Seminario Diocesano de Ciudad Real, Juan Serna Cruz, reflexiona en este artículo sobre la vocación, que es ante todo la amistad con Cristo, una respuesta confiada a su llamada.
Entre el asombro y la incredulidad: cuando un joven se decide a iniciar un proceso de acompañamiento personal y oración para descubrir su vocación, es frecuente que encuentre en su entorno reacciones de sorpresa, porque no se trata de algo habitual, pero también de incomprensión, porque algunas personas desconocen los fundamentos sobre los que se elevan las opciones vocacionales. La película Los domingos, aunque puede tener otro trasfondo, refleja bien este horizonte de reacciones ante lo vocacional, que incluyen la alegría, el apoyo, la sospecha, el rechazo, la indiferencia o la preocupación.
El lema elegido para la campaña del Día del Seminario de este año nos permite valorar esta variedad de reacciones ante la vocación: «Deja tus redes y sígueme». Se trata de una referencia al evangelio de la llamada de los primeros apóstoles, que eran pescadores y que, cuando fueron llamados por Jesús, dejaron las redes que eran su medio de vida para hacerse discípulos del maestro. Resalta en primer plano el «deja las redes»; es quizás el aspecto que muchos ponen más de relieve: mucha gente quiere que el joven llamado sea consciente de todo lo que «tiene que dejar», de todo «lo que va a perder», como si se iniciara un camino de renuncia impropio de la humanidad o, al menos, del momento actual. Pero este esfuerzo olvida la verdadera invitación pronunciada por Jesús: «Sígueme»; quienes conocen la voz de Cristo y han visto sus obras admirables, quienes están acostumbrados a su amistad y se emocionan cada día con la belleza de su humanidad radiante, se alegran mucho de que un joven escuche esta llamada y responda con confianza y temor, y le animan y acompañan.
Porque, en último término, lo que apasiona a alguien que ha sido llamado es obedecer la voz que le dice «sígueme», poder caminar al ritmo del paso de Cristo y compartir su presencia y su misión, más allá de lo que tenga que dejar para hacer esto. No se trata de dejar para seguir, sino fundamentalmente de querer seguir y estar con Jesús sin que importe demasiado lo que se ha de dejar, porque se valora sobre todo lo que se va a recibir, el amor que va a llenar el corazón.
En el Día del Seminario, los cristianos tenemos que agradecer que, de distintas maneras, cada uno hayamos recibido una llamada del Señor a seguirlo, para así valorar la llamada que hace en particular a algunos jóvenes a anunciar el evangelio y compartir su misión mediante los sacramentos y el servicio a la comunidad cristiana. Seamos eco del «sígueme» de Jesús y animemos a los jóvenes a que, por Él, dejen sus redes.
Por Juan Serna Cruz