Santísima Trinidad

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    Celebramos este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad: «El misterio de los misterios». Misterio que, por mucho que nos esforzáramos en comprender, no lo lograríamos, ya que sobrepasa nuestra capacidad humana.

    Pero no todo nos sobrepasa. Hay algunos aspectos que podemos entender cuando nos referimos a Dios como Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Podemos entender que estamos hablando de alguien que es persona, la del Padre; la del Hijo y la del Espíritu Santo, que las tres divinas personas forman una comunidad de amor.

    Igualmente no llegaríamos a entender, por mucho que reflexionásemos, la esencia e identidad de Dios, que son tres personas y un solo Dios, pero sí que llegamos a entender de Dios la significación y la misión que cada una de las tres personas tiene, y que cada una de ellas explica y revela la significación y misión de las otras, y que es Dios uno y trino en comunidad de amor y de vida el que actúa en cada acción de Dios.

    1. Dios es Padre: esta es la gran revelación de Cristo: «Cuando oréis decid: Padre nuestro».
    Un padre lleno de amor y de misericordia, capaz de compadecerse de los hombres y de sus miserias y de amarlos a pesar de todos nuestros pecados.

    Su amor está presente en la creación y por amor crea todo y, en especial, al hombre.

    Por puro amor, cuando el hombre se marcha por otros derroteros distintos y contrarios a los que Dios le había señalado, Él no le deja condenado para siempre sino que le envía a su Hijo para que, entregando su vida, rescate al ser humano del pecado y le ofrezca de nuevo la salvación.

    Hay algunos aspectos que podemos entender cuando nos referimos a Dios como Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

    Por amor, Dios nunca abandona  al pecador, y siempre le ofrece de nuevo su perdón y su amistad.

    Por amor sigue a nuestro lado en todo momento, a pesar de nuestros pecados.

    Ante tanto amor misericordioso de quien es puro amor y pura misericordia, nuestra actitud no puede ser otra que la de la gratitud; de estar en continua acción de gracias por todo lo que recibimos de Él, por tanto amor de su parte

    2. Dios es Hijo: el Hijo, que es la revelación del Padre, la imagen perfecta de Dios Padre: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14, 9). «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10, 30).

    El hijo ha sido enviado por el Padre para rescatar al ser humano del pecado y, por amor al ser humano, entrega hasta la última gota de su sangre. Como dice san Pablo: «Fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo (1Pe 1, 18-19).

    3. Dios es espíritu: El espíritu es el amor del Padre y del Hijo.

    Es el Espíritu de la verdad, que nos hará a entender todo lo que el Hijo nos ha revelado del Padre.

    Él es el que suscita en el corazón del hombre todas las buenas acciones y los buenos sentimientos.
    A través de Él, el Señor, después de subir al cielo, no nos dejará huérfanos, sino que seguirá y estará siempre con nosotros.

    El misterio de la Santísima Trinidad es, ante todo y sobre todo, un misterio de amor: amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre en el Espíritu

    El misterio de la Santísima Trinidad es, ante todo y sobre todo, un misterio de amor: amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre en el Espíritu; amor de Dios a los hombres; amor misericordioso de Dios al pecador; amor de entrega total y a fondo perdido del Hijo en el Espíritu, por nosotros y por nuestra salvación.

    Amemos a Dios y dejemos que Él ocupe un lugar importante en nuestra vida, porque ante tanto amor por su parte solo podemos responder con nuestro amor pobre y limitado, como pobres y limitados somos nosotros, como personas.

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